
I. El Muro de Arrogancia
Mateo entró al lujoso vestíbulo de «Corporación Vanguardia» con su título universitario bajo el brazo y un currículum impecable. A pesar de ser el hermano menor del dueño, no quería favoritismos; quería ganar su lugar por mérito propio.
Al llegar al mostrador, la recepcionista, Sandra, ni siquiera levantó la vista de su teléfono.
—«Buenas tardes. Estoy buscando trabajo, tengo mi currículo y me gustaría saber si hay vacantes para el área de proyectos»— dijo Mateo con amabilidad.
Sandra lo miró de arriba abajo, deteniéndose en sus zapatos sencillos y su mochila. —«Mira, niño, aquí contratamos a gente con experiencia real y presencia. No tenemos tiempo para chicos inútiles y mediocres como tú. Lárgate antes de que llame a seguridad»—.
Sin darle oportunidad de hablar, Sandra rompió una de las hojas del currículo y se la devolvió. —«Fuera»—.
II. La Llamada Reveladora
Mateo salió y se sentó en la acera, frustrado. Sacó su teléfono y marcó a su hermano mayor, Julián, el CEO de la empresa.
—«Hermano, no vas a creer lo que me pasó. Tu recepcionista ni siquiera me dejó entregar el currículo; me llamó inútil y me echó a la calle»—.
—«¿Qué? ¡Mateo, pero qué locura es esa!»— exclamó Julián desde su oficina en el piso 20. —«¿Por qué hiciste eso? No tenías que pasar por entrevista, yo soy el jefe aquí. Solo tenías que pedírmelo y el puesto era tuyo»—.
—«No, Julián. Quería saber para qué puesto era apto, me acabo de graduar y quería que me evaluaran profesionalmente. Pero el trato que recibí fue inhumano»—.
III. El Cambio de Mando
Cinco minutos después, Julián bajó al vestíbulo junto con Mateo. Sandra, al ver al gran jefe, se puso de pie de inmediato, acomodándose el cabello y sonriendo con servilismo.
—«¡Señor Julián! ¿En qué puedo ayudarlo? Justo acabo de echar a un vagabundo que estaba molestando…»— decía Sandra, hasta que vio a Mateo al lado del jefe.
—«Sandra, este ‘vagabundo’ es mi hermano»— dijo Julián con una voz que hizo que la recepcionista empezara a temblar. —«Y tienes razón en algo: aquí necesitamos gente con experiencia, pero sobre todo con educación. He decidido que Mateo ocupará el cargo de Gerente de Atención al Cliente y Cultura Organizacional»—.
Sandra sintió que el piso se abría. —«¡Señor, por favor! ¡Perdóneme! ¡No me despida! Es lo único que tengo, tengo deudas, por favor…»— suplicaba ella con lágrimas de terror.
IV. La Penitencia de la Humildad
Mateo miró a su hermano y luego a la mujer que minutos antes lo había humillado. No quería dejarla en la calle, pero sabía que debía aprender una lección.
—«No la vamos a despedir, Julián»— intervino Mateo. —«Pero para mantener su empleo, Sandra pasará los próximos tres meses trabajando como mi asistente personal de campo. Su oficina no será este mostrador lujoso; su oficina será un escritorio pequeño en el área de bodega, donde tendrá que atender personalmente todas las quejas de los mensajeros y personal de limpieza»—.
Sandra, aunque humillada por pasar de la recepción de lujo a la bodega, aceptó sollozando, agradecida de no estar desempleada.
V. La Moraleja en el Pasillo
Durante esos tres meses, Mateo fue un jefe justo pero exigente. Obligó a Sandra a saludar a cada persona, desde el guardia de seguridad hasta el repartidor de café, con la misma sonrisa que le daba al CEO. Ella aprendió lo que era estar del «otro lado» y sintió el peso del desprecio de otros ejecutivos arrogantes, siendo defendida siempre por Mateo.
Al final de la penitencia, Sandra volvió a su puesto original, pero ya no era la misma. Ahora trataba a cada joven que llegaba con un currículo en la mano con el mayor de los respetos, entendiendo que detrás de una apariencia sencilla puede esconderse el dueño del futuro o, simplemente, un ser humano que merece dignidad.
Moraleja
Nunca trates a nadie como si fuera pequeño, porque el mundo da muchas vueltas y el que hoy desprecias desde tu pedestal, mañana puede ser quien decida tu destino. El verdadero valor de una persona se mide en cómo trata a quienes cree que no pueden darle nada a cambio.