
I. Una Carrera Silenciosa
Don José, un taxista con años de experiencia, aceptó una solicitud de viaje a través de su aplicación. Al llegar al punto de recogida, subió un adolescente de unos 16 años que vestía una sudadera con capucha y una máscara de gato muy realista.
—«Buenas tardes, joven. ¿A dónde lo llevo?»— preguntó Don José mirando por el retrovisor. En lugar de una dirección, del asiento trasero salió un «¡Miau!» prolongado.
Don José pensó que no había escuchado bien. —«Disculpa, hijo, no te oí. ¿Cuál es el destino?»—. El muchacho se acomodó en el asiento, se lamió el dorso de la mano como si fuera una pata y volvió a responder con un maullido más fuerte: —«¡Miaaaaauuu!»—.
II. El Destino Inesperado
Don José, molesto y cansado tras una larga jornada, decidió que no iba a perder el tiempo adivinando. Si el muchacho no quería hablar como un humano, entonces necesitaba ayuda profesional.
Sin decir una palabra, puso el auto en marcha y se dirigió al Manicomio Municipal. Al llegar, se bajó, abrió la puerta trasera, tomó al muchacho firmemente por el brazo y lo metió en la recepción ante la mirada atenta de los enfermeros.
—«Miren, este joven ha perdido la capacidad de hablar y solo maúlla. Aquí es donde debería estar para que lo revisen»— sentenció Don José antes de marcharse.
III. La Alerta a la Madre
Don José no se quedó tranquilo. Buscó en los detalles del perfil de la aplicación la dirección de origen del viaje y fue directamente a la casa del muchacho. Una mujer salió a recibirlo.
—«Mire señora, no sé si usted lo sabe, pero su hijo anda creyéndose un gato»— le explicó el taxista seriamente —.«Como no me dio la dirección y solo me maullaba, lo llevé al manicomio y lo dejé allá para que lo atiendan»—.
La madre, que no tenía idea de la tendencia de los Therians ni de las modas de internet, se quedó pálida. —«¿Cómo dice? ¡Dios mío! Gracias, taxista, voy para allá ahora mismo»—.
IV. El Encuentro en el Manicomio
Cuando la madre llegó al hospital, encontró a su hijo sentado en una camilla, rodeado de especialistas. Al verla entrar, el muchacho se quitó la máscara aterrado.
—«¡Mamá! ¿Qué haces aquí? ¡Sácame de este lugar!»— gritó el joven. —«Vengo porque un taxista fue a decirme que estabas aquí porque no podías hablar y solo maullabas»— respondió ella con los brazos cruzados.
—«¡No, mamá! Eso es mentira, yo nunca hice eso…»— intentó negar él. —«No me mientas, hijo. El taxista me mostró las grabaciones de la cámara de seguridad de su auto. Todos tienen cámaras por si no lo sabías. Así que te dejas de esa sinvergüenzura o te dejo recluido aquí mismo para que te mediquen»—.
V. La Lección de un Mes
El muchacho comenzó a llorar de los nervios. —«No, mamá, por favor. Lo hice por tendencia, por un video de TikTok. ¡No me dejes aquí!»—.
—«Bueno, te me vas ahorita mismo para la casa»— sentenció la madre —.«Pero vas a vivir las consecuencias. Te quedas sin teléfono, sin Wi-Fi, sin televisor y sin videojuegos. Todos los días harás los quehaceres más pesados de la casa. Si en un mes te comportas como un niño normal, te devuelvo el PlayStation y el Nintendo. Si vuelves a maullar, vas directo al manicomio de nuevo»—.
Durante todo ese mes, el joven lavó platos, barrió el patio y estudió sin distracciones digitales. Al terminar el tiempo, se acercó a su madre y le pidió perdón con total sinceridad. —«Mamá, tenías razón. Era solo una tendencia tonta y me dejé llevar. Te prometo que soy un humano y no me siento ningún gato. Gracias por no dejarme allá adentro»—.
Moraleja: La libertad de expresión termina donde comienza la falta de respeto a los demás y a uno mismo. No dejes que una tendencia de redes sociales nuble tu juicio; en el mundo real, los actos tienen peso y la familia es la que te ayuda a mantener los pies en la tierra.